Conocidos los resultados, casi simplemente con las encuestas, se lanzaron de nuevo a la yugular de Zapatero: la crisis, la economía, el paro... Por eso hemos perdido, maldito Zapatero. Pues sí, Zapatero se ha llevado por delante al PSOE, haría bien en pensar seriamente en convocar elecciones pero no todo es tan sencillo. Los mismo que ahora echan pestes del líder socialista no han sido capaces, ni en sus comunidades autónomas, ni en sus ayuntamientos, ni desde los gobiernos, ni desde la oposición, de plantear recetas diferentes a las del gobierno zapateril, nada, cero. Ni una crítica, ni una propuesta alternativa, ni un guiño a esa izquierda que ahora lamentan haber perdido. Todo pura táctica. Pero de política, ni un gramo. Ni una sola idea nueva, ni la búsqueda de vías alternativas.Ahí está el drama del PSOE, no en que Zapatero se haya equivocado, no en que Zapatero haya "fallado" a quien dijo que no fallaría, el problema es que nadie en su partido ha sido capaz de ofrecer ninguna alternativa. Ahora se plantean las nuevas elecciones, las generales, y empezarán a discutir que si Rubalcaba, que si Chacón , que si el consenso, y que no aparezca Bono. Error. El problema del PSOE no es de nombres, si no de políticas, de maneras de hacer las cosas, de electorados al que dirigirse. Hoy El vicesecreatrio, José Blanco, decía que lo de ayer ha sido un mensaje claro, un aviso. ¿Aviso? Que se lo pregunten a Barreda, a Elorza, a Hereu o Francesc Antich. El 22-M no ha sido un aviso, ha sido la respuesta rotunda a una política errática, desenfocada, miope y contraria, tanto en la forma como en el fondo, a los intereses de las clases menos pudientes de la sociedad, eso que otro tiempo se llamó clase obrera y que, ahora, pueden definirse como capas populares urbanas. No es un aviso, pero es evidente que, seguramente, en las próximas generales las cosas todavía serán un poco peor.
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